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29 mayo, 2012

La virtud de asesinar

  Bach - Invención 7 / Glenn Gould


Se hallaba de pie en el estudio, la lucidez proyectada a través de aquellos ojos era causa de fascinación. La vestimenta raída lo hacía parecer un personaje de tragedia griega. Como hombre de su época, no tomaba demasiado en serio el futuro, solamente la virtud momentánea que se le aparecía enfrente. No existía nada más, el mundo entero se había desvanecido con la luz de la tarde.  Acababa de oscurecer y los colores de las cosas habían sido remplazados por las sombras que se distendían a su alrededor. Nada de esto parecía importar pues estaba absorto, como quién construye planes en el silencio. Por cada pensamiento que nacía, por cada palabra que se reformulaba y transformaba en frase para cambiar el destino de la inevitable significancia que aquello tendría; por cada página de conocimiento en la que se adentraba, su sonrisa se ensanchaba en el rostro, ya que era conciente de lo que estaba llevando a cabo. Sin prisa y prestando atención a los detalles; con la deliciosa delicadeza con que los artistas representan la belleza, en su mente estaba asesinando su propia ignorancia.

22 mayo, 2012

América

Al llegar al barrio era inevitable pasar por alto la elegancia de la fachada de aquella funeraria. La sobriedad de los colores que la decoraban le daban un toque distinguido con respecto al resto de locales que se encontraban alrededor. Resultaba inevitable no acercarse a admirar los ataúdes ordenados al otro lado del vidrio. Grandes y pequeños, pomposos y recatados, para ricos y también para los pobres; era un pequeño mundo de variedades para asegurar el destino inminente, una invitación sutil a morir. Sin embargo, aquella imagen de escaparate no escondía el hecho que todos los pobladores de aquel lugar supieran que el dueño de aquel negocio se dedicaba a matarlos. Por supuesto no los asesinaba a diario, quizá porque no necesitaba de tal medida o porque creía en la sostenibilidad de los recursos que usaba; pero siempre que podía asesinaba a dos o tres personas mensualmente. Aquella era la razón por la que se había convertido en el local más longevo, aunado a la maravillosa administración que se procuraba. Los vecinos, como ya se relató, conocían del violento motor de prosperidad de la funeraria; por eso convivían la indignación que algunos mostraban por aquella vil actividad de lucrar con la muerte, junto a la resignación que otros manifestaban. Fuese como fuese, los habitantes de aquel lugar coincidían en que de llevar a la ruina a la funeraria y a su dueño, no tendrían a quien contratar para los servicios fúnebres que eventualmente y de forma inevitable algún día necesitarían.

14 mayo, 2012

Ceguera invertida

Luego del deleite provocado por el caos subjetivo, paulatinamente comenzaba a plasmar los impulsos que manaban gentilmente del cuerpo entero hacia su mano. Ella no entendía de las contorsiones analíticas que sufrían quienes se daban a la tarea de explicar el aparente sentido y trascendencia de lo que hacía. Ella disfrutaba tratando de retratar su imaginación y consecuentemente le agregaba el olor de los colores que se depositaban en la paleta. Ante cierta pregunta, ella respondió que su ceguera le había enseñado a ver con la imaginación, y a partir de ese momento simplemente se entregaba al placer de colorear la realidad de una forma distinta de la que al parecer otros percibían.