Se vistió de prisa y brindó con nadie bajo un cielo que bañaba los colores de la Tierra. Los monumentos que robaban al tiempo su eternidad lo acompañaron durante el recorrido. La grandeza de los dioses a su mortalidad se rindieron, y su felicidad venció todas las edades que la mísera y desquiciada ausencia se había empeñado en aumentar. Cada paso de su andar con versos de Whitman se complació y la sombra de su cuerpo con el día desapareció. Las golondrinas en su pecho anidaron, y su vista hacia atrás nunca su corazón complació. Todos los futuros...