De pie en la sombra de una pared se fumaba el último cigarrillo mientras la neblina confundía el vaho del frío y el humo que enfermaba su cuerpo. Se había sentado como queriendo encontrar el equilibrio gravitacional en sus muslos, con el cabello mojado y las manos temblorosas a pesar de ocultarse bajo el abrigo negro que le abrochaba cuatro botones. Ahí estaba Victoria, sola entre las casas que duermen, pequeña ante la calma, pensativa, casi mimetizada con el entorno que la dibujaba a la interperie. Delgada y fugaz como la horas, impermeable ante...