Melancolía de las sirenitas del amanecer, que encallan a los pobres diablos que se tragan su cantar; no me creas más que las mentiras que te convienen, que si te escribo es para que le duela a la verdad. Que por la maldita que me roba el sueño de París, cierro ahora los bares con la andaluza que me acusa de colarme en las sabanas de su corazón. Recuerda que los pendejos con armaduras no suben al balcón de tu ventana, ni te encienden el cigarrillo que ya no quieres fumar. Mata a la razón, esa que te ahoga al corazón. Guarda el abrazo sin...