11 enero, 2012

Palacio insano

- Nos ha traicionado mi querido Sebastián, le decía Aresto a su compañero, la lealtad es el horizonte que no debemos perder de vista, así nos cueste la vida -concluía aquel hombre de porte incomparable. - Cuanta razón Aresto: ¡Ah, la vida más no la integridad que yace en nuestros corazones y se encarga de dar propósito a toda la existencia! pues ¿Qué  ha de ser de la vida sin la integridad que la hace crecer? menguaría como la flor sin la protección del Sol sin duda alguna; se encargó de apostillar Sebastián. En aquel momento los acababa de escuchar el doctor, quién en tono burlón le dijo a la enfermera que caminaba junto a él: - En realidad estos tipos se creen personajes de Dumas... Aresto que también lo había escuchado, con firme decisión se volvió al director de aquel manicomio y le dijo: -Tiene toda la razón m. Richelieu, pero como nosotros, cierto es que quedamos pocos.

05 enero, 2012

A luz de candela

Diario #7
5 de Enero de 2015

Hoy 5 de enero, día en que se conmemora el apagón mundial, me ha hecho hecho pensar en todo lo que hemos vivido y como lo hemos sobrellevado. Al inicio cuando se dieron los apagones diarios en la ciudad, todos pensábamos que había sido producto de la negligencia de la compañía eléctrica; sin embargo la seguidilla de cortes -cada vez más prolongados conforme pasaban los días- me hizo comprender que era todo el país el que los sufría, y posteriormente el mundo entero. Recuerdo que luego de cierto tiempo comenzaron a surgir diversas teorías que explicaban el por qué las ciudades se quedaban en la penumbra luego de que sol se ocultaba. Cierto grupo argüia que se debía por las tormentas solares, o al menos creo que así les llamaban, otros culpaban a los anarquistas que siempre protestaban contra el estado, y por supuesto la gran mayoría se inclinaba a favor de la tesis que decía que se trataba del fin del mundo. Creo que al día de hoy nadie sabe explicar lo que pasó, o cómo inicio. Lo cierto es que al inicio se dio una gran cantidad de desempleo, seguida por una paulatina aparición de fuentes laborales que otrora se creyeran obsoletas -arcaicas por demás- pero que se tornaban más relevantes para el quehacer cotidiano que cualquier otra cosa; esto debido a que las fuentes energéticas tradicionales no daban a basto para los millones de habitantes que poblaban cada país. Los postes de luz poco a poco fueron quedando como remanentes de un pasado normalmente futurista. los automóviles escaceaban y se veían como cosa de otra época. El ritmo de vida se apaciguo, y aunque al inicio existió un caos que asustaba, ahora desde la terraza de mi casa a las 9 de la noche, se respira una tranquilidad que hace 4 años era imposible. Lo cierto es que lejos estamos del fin del mundo, pero pienso que esta "generación de 1800" (como nos suelen llamar) está más cerca de una humanidad sin precedentes, que al menos por ahora, me hace sentir privilegiado. La luz de las candelas se consume, y las necesito para escribir otra entrada dentro de unos días; por eso me digo: buenas noches.

03 enero, 2012

Hallábase aquel joven de rasgos portentosos, altiva mirada y de cálido y honorables sentimientos ocultos a la vista de quién no sabe admirar la entereza de espíritu. Hallábase pues aquel personaje que logra encumbrar nuestra imaginación, que nos deleita de forma incansable con las distintas formas que toma a través de las desventuras y proezas a lo largo de nuestras mentes; postrado de frente y sin remordimiento alguno por llegar tarde y contrariar los calendarios comunes. Aquel mozo, que en ligero movimiento, tan fugaz como la chispa que enciende el deseo del amante bienaventurado, alcanzó solamente a pronunciar con certeza absoluta: Feliz año.

27 diciembre, 2011

La familia

No fue sino hasta el final de la historia -relatada en la misma forma como lo hacía su viejo-, que comprendí la risa sarcástica que aquel niño me mostró. Al día de hoy pienso que fue simplemente una forma sutil de demostrarme que ya no creía en los cuentos de hadas.
 
"Eramos una gran familia, aunque en realidad no compartiéramos la misma sangre. Algunos dicen que nuestra codicia nos obnibuló, y por ello no impedimos los errores que a la postre nos llevarían, bueno, donde estamos; pero ya lo murmuraban en las calles: hijo de tigre sale pintado. Por muchas décadas fue padre soltero, y quizá por ello en casa se acostumbraba a hacer caso omiso de los comentarios expresados por los vecinos, que al no tener figura paterna criticaban la forma en como se llevaban los asuntos en casa. Sin embargo las cosas se ponían cada vez más difíciles, el tiempo parecía evidenciar las grietas del pasado que otrora parecían insignificantes. Al final decidimos enviar a nuestro mentor al asilo, pues era lo mejor para todos, aunque todos los días recurrimos a sus consejos para paliar los errores que se cometieron. El señor Capitalismo yace todavía en una vieja silla desvencijada, mientras sus dedos hacen girar el globo terráqueo que le regalamos hace unas cuantas fiestas. Sin embargo, contrario a lo que pensaría cualquiera, no lo abandonamos; gran injusticia sería creerlo, pues cuando todo se solucione todo volverá a nuestro hogar, y de esa manera, estamos seguro que será radiante la sonrisa que muestre cuando vea que sus conocimientos nos siguen impulsando día a día."

19 diciembre, 2011

Matices

  James Horner


Con los ojos cerrados movía su cabeza cual péndulo. La imagen que sucedía a continuación era su favorita. La verjas de su casa proyectaban sombras, mientras que la luz pálida, la del poste a los treinta metros, provocaba que se intercalaran la luz y oscuridad a través de sus párpados. A su derecha el amanecer comenzaba su ligera y suave aparición. Aquel espectáculo duraba menos de un minuto hasta que abría los ojos y tomaba las cinco sombrillas que había hecho días atrás. El sonido de los autos, las motocicletas y los pájaros que despertaban se mezclaban con el ulular de los árboles del parque. No se trataba de una persona especial, de esas que idealizan las historias, simplemente era una mujer en bicicleta con cinco sombrillas a cuestas. Uno a uno dejaba los artefactos que había fabricado, siempre de distintos colores; los iba depositando al azar en lugares cualquiera, pero nunca en sitios repetidos, todo con la esperanza que alguien los recogiera. Regalar sombrillas había sido su pasión desde hace cuatro años. El rodar de su bicicleta le regalaba esa velocidad libertina, caprichosa y fugaz que suele traer consigo el viento que despeina. Junto al pedaleo constante cantaba versos inventados. A veces las lágrimas se congelaban con la velocidad por lo que a su paso iba dejando atrás, pero otras tantas su música llena de paisajes y versos prestados a su imaginación era tan fuerte que amilanaba el sentido fugaz que representa la vida. Mientras rodaba, sus ojos trazaban el mismo camino que en su cabeza iba dibujando. Al detenerse y dejar su última entrega, pensó que aquellos aparatos que había fabricado durante tantos años protejerían a quién lo necesitara. Mirando el reloj supó no solamente que eran las seis y treinta y cinco, sino también que aquel era el mejor lugar y momento para aparcar su bicicleta. Se acostó a los pies del árbol que había crecido con perseverancia en el jardín de su casa y con los ojos fijos hacia el cielo, se percató que los colores se intercalaban con las ramas. Poco a poco el blanco se fue apoderando de todo, hasta que la luz finalmente consumió la última brisa que se dispuso a salir de su ser y con el viento se marchó.