Diciembre 26, 12:43 am
Viajando entre el cálido aire del Pacífico, escribiendo lo que nadie ve pero que vivo. Todo se ha convertido en una conjunción de Israel con Costa Rica que desemboca en la recurrencia de mi adoración por la perfección de esas caderas, curvas de los senos, muslos estrepitosos, y el indiscutible sabor de unos labios extranjeros de estas tierras, pero natales de la boca que se regocijará con la perfección de la imagen que tatuará mi memoria por siempre. Lo admito: deseo seguir siendo un vicioso adorador de las deidades femeninas que deleitan mi vida por la eternidad, deseo escribir por ellas; ya que ni Caronte logrará despojarme del deleite de escribirle a una mujer, susurrarle y brindar a la eternidad de haber tropezado en este mundo convulso y caprichoso con mujeres que logran enamorarme, desearlas, dejarlas y atarlas con la fuerza de las cuerdas de la locura y sus consecuencias.
Su nombre era perfecto: el nombre de la conjugación del verbo amor. Su nacionalidad ajena a la mía solo lograba que nos enlazáramos en el juego de idiomas diversos que lograba la perfección de risas alcanzada la media noche. Los cuentos de Hadas se escribieron para nosotros, los escritores se deleitaban por nuestra complicidad, mis letras se inspiran por tu memoria y mi sabor viaja en tus maletas.
Finalizo el año con falta de memoria, el hecho de preferir no pagar mi celular (móvil) me aisla de la tentación de regresar al lugar del que me quiero alejar. Aunque por veces falla mi lógica y vuelvo al landscape que me fascinaría admirar, considero que la previsibilidad es un enemigo que espera ser derrotado por la impertinencia de lo inesperadamente fascinante.
Por ello agradezco en este año a las mujeres que tocaron mi vida, sin apuros de mis vicios y ocurrencias sin importar que fuese entre el sabor de un cigarro o de cualquier licor, de un café o del sonido de un cine o del tintinear del agua de una fuente, del sabor de una comida o la gloria de una gota de sudor derretida al candil de los cuerpos que colisionan al compás del placer, en fin de la experiencia dulce y amarga de quien se ha propuesto vivir la vida y muerte que la naturaleza depara a quienes nacen en la incesante marcha de luchar por sus sueños.
La complicidad se permea con quienes desean compartirla, un viaje al espacio de mis letras lo impulsa mi deseo de cambiar a todas por una, aunque el fuego de las mariposas que amanecen en mí, gritan el deseo de respirar el aliento que impulsa a la inverosimilidad de quererte con todas y despreciarte con ninguna, pues las razones son desconocidas para mi.
Las experiencias se respiran donde se pisa el camino y los 22 años de rizos que alcancé a conocer en 2 días se perpetuarán en mi memoria; por eso todo resulta alcanzar para cerrar este capítulo de 365 días que ha de ser escrito junto al dulce de dos botellas de Merlot. Por siempre Gracias.
P.S para quienes me han acompañado, no queda más que agradecerles por sus voces y las huellas en este camino sin rumbo. Mis mejores deseos para todos.
Viajando entre el cálido aire del Pacífico, escribiendo lo que nadie ve pero que vivo. Todo se ha convertido en una conjunción de Israel con Costa Rica que desemboca en la recurrencia de mi adoración por la perfección de esas caderas, curvas de los senos, muslos estrepitosos, y el indiscutible sabor de unos labios extranjeros de estas tierras, pero natales de la boca que se regocijará con la perfección de la imagen que tatuará mi memoria por siempre. Lo admito: deseo seguir siendo un vicioso adorador de las deidades femeninas que deleitan mi vida por la eternidad, deseo escribir por ellas; ya que ni Caronte logrará despojarme del deleite de escribirle a una mujer, susurrarle y brindar a la eternidad de haber tropezado en este mundo convulso y caprichoso con mujeres que logran enamorarme, desearlas, dejarlas y atarlas con la fuerza de las cuerdas de la locura y sus consecuencias.
Su nombre era perfecto: el nombre de la conjugación del verbo amor. Su nacionalidad ajena a la mía solo lograba que nos enlazáramos en el juego de idiomas diversos que lograba la perfección de risas alcanzada la media noche. Los cuentos de Hadas se escribieron para nosotros, los escritores se deleitaban por nuestra complicidad, mis letras se inspiran por tu memoria y mi sabor viaja en tus maletas.
Finalizo el año con falta de memoria, el hecho de preferir no pagar mi celular (móvil) me aisla de la tentación de regresar al lugar del que me quiero alejar. Aunque por veces falla mi lógica y vuelvo al landscape que me fascinaría admirar, considero que la previsibilidad es un enemigo que espera ser derrotado por la impertinencia de lo inesperadamente fascinante.
Por ello agradezco en este año a las mujeres que tocaron mi vida, sin apuros de mis vicios y ocurrencias sin importar que fuese entre el sabor de un cigarro o de cualquier licor, de un café o del sonido de un cine o del tintinear del agua de una fuente, del sabor de una comida o la gloria de una gota de sudor derretida al candil de los cuerpos que colisionan al compás del placer, en fin de la experiencia dulce y amarga de quien se ha propuesto vivir la vida y muerte que la naturaleza depara a quienes nacen en la incesante marcha de luchar por sus sueños.
La complicidad se permea con quienes desean compartirla, un viaje al espacio de mis letras lo impulsa mi deseo de cambiar a todas por una, aunque el fuego de las mariposas que amanecen en mí, gritan el deseo de respirar el aliento que impulsa a la inverosimilidad de quererte con todas y despreciarte con ninguna, pues las razones son desconocidas para mi.
Las experiencias se respiran donde se pisa el camino y los 22 años de rizos que alcancé a conocer en 2 días se perpetuarán en mi memoria; por eso todo resulta alcanzar para cerrar este capítulo de 365 días que ha de ser escrito junto al dulce de dos botellas de Merlot. Por siempre Gracias.
P.S para quienes me han acompañado, no queda más que agradecerles por sus voces y las huellas en este camino sin rumbo. Mis mejores deseos para todos.


